El inicio de la sexualidad y su vínculo con la maternidad.

Si se parte de entender la sexualidad como todos los eventos relacionados con el proceso sexual-reproductivo y que en el caso humano abarcan los niveles anatómico, fisiológicos y también los psicológico-culturales. Dimensión última que en el caso de la sexualidad humana incluye los prejuicios, mitos, costumbres asociadas al sexo, a los genitales y al cuerpo de los que somos herederos como seres humanos y que marcan el modo como nos relacionamos y vivimos nuestro cuerpo sexual. Potencialmente la sexualidad abarca nuestro cuerpo como un todo, desde la totalidad de nuestra piel hasta los órganos sexuales primarios y secundarios, que nos proporcionan sensaciones, satisfacciones y placer asociados a su contacto y exploración. Desde este enfoque cualquier acto que implique el contacto con nuestro u otro cuerpo es en sí mismo un acto sexual y por ende es parte de nuestra sexualidad.

La sexualidad desde el enfoque de la salud primal entendiendo esta como los procesos de salud asociados a eventos que marcan a nivel biológico y psicológico el desarrollo físico y psicológico-emocional durante los primeros años de nuestra vida. La relación entre ambas se manifiesta en la connotación sexual de determinados eventos que trascurren durante la etapa prenatal y los primeros años de vida del bebé. En esa dirección aparece la OXITOCINA como el eje conductor de todo ese proceso y que en especial en la etapa primal marcará en buena medida el tipo de sexualidad que nos acompañará de por vida. Pienso en aquellos bebés intraútero expuestos a grandes cantidades de oxitocina a partir de vivencias amorosas y placenteras de sus madres durante la gestación. Aquellos bebés que inmediatamente viven el piel con piel y que son amamantados exclusivamente, que no son dejados llorar y que son cargados cuerpo a cuerpo, que reciben masajes, caricias, besos y por ende que se siguen exponiendo principalmente a elevados niveles de oxitocina. A niños y niñas que siguen siendo abrazos, amados, que son tratados sin violencia y que reciben apoyo en el manejo de la frustración, los berrinches, que son acompañados a dormir y por ende predominantemente sus cuerpos viven inundados de oxitocina. Esto genera un estado de confort, placer y amor que se refleja en su sexualidad y en el vínculo que estos seres desarrollan con su cuerpo como un todo. Lo cual marca su disposición de ser amorosos, de estar disponibles para el contacto físico, de disfrutar el contacto con el cuerpo materno y paterno y por ende con su propio cuerpo.

En el libro de Casilda Rodrigañez, La supresión del deseo materno, la autora hace profunda crítica y un análisis muy acertado acerca de porque reprimir la maternidad constituyó una manera histórica de reprimir la sexualidad y el gozo asociado al cuerpo desde la primera infancia y a través de la mujer-madre y el vínculo de todo esto con la capacidad de amar. Lo anterior como un ejercicio desde el poder patriarcal para controlar y dominar aquellos ámbitos más biológicos asociados al placer y el gozo y suprimirlos en aras de la racionalidad y de restringir la sexualidad a genitalidad y por ende a procreación. A la vez que enfatiza el por qué las mujeres y en especial la mujer-madre somos una “amenaza” para una cultura que se basa en el miedo, la represión y dominación de unos sobre otros.

En este sentido la salud primal y la relación maternal tiene una dimensión sexual muy importante a partir del hecho de que el respeto y validación de las necesidades infantiles asociadas a esta etapa primal, implica inevitablemente un vínculo estrecho, cercano y de contacto con el cuerpo de estos nuevos seres en crecimiento y formación. Implica el contacto directo con la desnudes, con la piel, con la succión, implica caricias, masajes, exploración y por ende un estrecho cuerpo a cuerpo principalmente entre mamá-bebé, pero que puede ser extensivo a papá, hermanos u otras personas que el propio entorno familiar valide.

Es sin dudas un reto culturamama besitol (en especial en culturas muy represivas en relación al cuerpo) enfocarnos en una mirada de este tipo en relación a la primera infancia, pues inevitablemente saltan a la mente todos nuestros miedos, prejuicios y limitaciones culturales en torno a la sexualidad…

¿estamos dispuestos a enfrentar nuestros propios límites en torno a la manera cultural de vivir la sexualidad asociada a la maternidad y a nuestra relación con nuestros propio cuerpo  ?

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