Depresiones post-parto y el “rechazo de la maternidad”: enfermedades de nuestra cultura y sociedad.

“No es necesario comprender todo lo que le acontece a la mujer puérpera. No se requiere un psicoanálisis profundo. Con un abrazo alcanza. Y un poco de humildad.”

Laura Gutman

Los cuidados que la mujer requiere no terminan con el embarazo y con la llegada del bebé. Después del parto y con el bebé en brazos la nueva madre necesita seguridad, apoyo y acompañamiento para sentir que sus necesidades están cubiertas y desde ahí poder hacerse cargo de su o sus bebés por si misma. Conversar, escuchar y acercarnos al mundo femenino del postparto nos dará más elementos para entender y brindar a la nueva madre, en especial si se trata de su primer hijo, lo que ella necesita en este nueva etapa por la que transita sin depresiones,  ni recaídas emocionales.

La depresión post-parto tan frecuente y conocida en occidente es ante todo un padecimiento social y cultural, al que abandonamos a las recién paridas por no estar como familiares y amigos a la altura de sus necesidades como mujer-madre. La depresión post-parto es la recaída psicológica y emocional que sufren las mujeres puerperas en nuestras sociedades, ante el cambio que implica la llegada de un bebé dentro de un contexto familiar y social en el que no se sienten comprendidas, seguras y cuidadas. Un contexto familiar que las “abandona” o por lo menos desestima los cambios emocionales, las pérdidas, dolores y extrañezas que vive una nueva madre durante los primeros meses o incluso años de su maternidad. Pasar por alto o desestimar el cambio que implica dejar de ser mujer para ser mujer-madre es parte de la tendencia cultural en occidente, en la que socialmente se espera de las mujeres que regresen al mismo esquema de vida que tenían antes de ser madres. Sin oportunidad para vincularnos a nuestros hijos e hijas, a reconocerlos y aceptarnos en este nuevo rol de madres.

De modo que el puerperio suele ser una etapa por la que muchas mujeres transitan solas, sin apoyo, sin contención y en la que se les pide y espera de ellas que sean fuertes, que estén felices y disponibles todo el tiempo, porque sus bebés y su entorno las necesita. Esto nos somete como mujeres que aprenden a sentirse, aceptarse y ser MADRES a una presión y estrés que crece aún más por las expectativas en relación a seguir activa e integrada en la vida pública, a mantener sus roles profesionales o laborales cuando apenas andamos aceptando nuestra nueva condición.
Cuidar a la madre, atender sus necesidades y darle espacio en el proceso de identificarse y aceptar su nuevo rol es la mejor manera de cuidar al recién nacido. Permitir que mamá y bebé pasen tiempo juntos, sin tiempos, si interferencias del mundo exterior, sin demasiados consejos de como hacer o no hacer lo que tiene por delante, sin presiones de reintegrarse inmediatamente a su rol social, se vuelve vital para el manejo de la maternidad. A diferencia de lo que solemos pensar un bebé y su mamá no necesitan de una abuela, una niñera o una tía que se haga cargo del bebé en tanto la madre aprende como salir adelante. Ambos necesitan que esas personas se hagan cargo de todo lo que rodea a mamá-bebé para que estos tengan oportunidad de reconocerse e identificarse mutuamente, de aprenderse el uno al otro y sobretodo para que la NUEVA MADRE libere y procese el cambio al que se está viendo sometida su persona y su vida con la llega del bebé. Encontrarle sentidos personales y prácticos a su nuevo rol, a las características de la nueva etapa y aprender a seguir adelante como una persona distinta y que se integra a su entorno de manera distinta y no como la DONCELLA que era antes de la maternidad, nos toma tiempo.

Como MADRES necesitamos que las personas de nuestro entorno nos cuiden, protejan y acompañen para que por nosotras mismas sabiéndonos seguras y contenidas, podamos atender y satisfacer las necesidades del recién nacido. El o la bebé, ese pequeño ser desconocido hasta el momento del nacimiento juega un rol vital sobre el que se establecen los nuevos sentidos emocionales y físicos de las NUEVAS MADRES, y que le permiten transitar a estas por su nuevo rol sin grandes crisis, negaciones, ni recaídas emocionales. El deseo profundo de las nuevas madres de permanecer con sus hijos, de abrazarlos, olerlos, observarlos es parte de esa necesidad de encontrarle sentidos a la nueva etapa y no debe ser desestimado cultural y socialmente. Pasando por encima de estas urgencias que no sólo son psicológicas sino que también son biológicas estamos atentando contra la posibilidad de que cada MUJER-MADRE se reconozca como tal y reconozca a su hijo(a). Nuestra cultura atenta contra ese proceso de acercamiento mamá-bebé desde el momento del nacimiento mediante muchas prácticas: separación después del parto, introducción de biberones y fórmulas, cuidados al bebé brindamos por 3ras personas y regreso temprano a la vida laboral y pública… y luego contradictoriamente esa misma cultura no entiende el porqué muchas madres sufren ese proceso y viven las conocidas y temidas DEPRESIONES POST-PARTO con tanta fuerza o rechazan y se niegan a aceptar el vínculo y la responsabilidad materna en toda su dimensión y se vuelven madres a medias o más bien tías de sus propios hijos.

Si realmente nos importan las nuevas generaciones cuidemos a las nuevas madres durante el embarazo y después del parto, para facilitar la aceptación, el vínculo y la identificación necesaria que sienta las bases para vivir sana y plenamente nuestra maternidad.

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2 respuestas a Depresiones post-parto y el “rechazo de la maternidad”: enfermedades de nuestra cultura y sociedad.

  1. Giacomo Valero Rose dijo:

    No suelo comentar en posts, pero me ha encantado tu artículo, cuanta razón, empatía y cariño en tus palabras.
    Tengo 21 años, pero me ha inspirado para que cuando sea padre salgan las cosas bien con mi futura mujer.
    Un saludo! 🙂

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