Hacer equipo con nuestros hij@s, desde la disciplina con amor.

La disciplina con amor es una manera de formar equipo entre padres e hijos. En este enfoque de crianza como padres partimos de entender y reconocer que el comportamiento de nuestros hijos es un reflejo de su edad y de su nivel de desarrollo y que algunos de estos comportamientos son indeseables y difíciles de enfrentar. Nuestro reto como madres y padres se basa en guiar sus comportamientos indeseables, ante todo hurgando en los sentimientos y necesidades que se encuentran detrás de dichos comportamientos para ayudarles a satisfacer esas necesidades de manera más constructiva a medida que crecen, pero a sabiendas de que es un proceso y tomará tiempo. Este tipo de posturas ante todo implica que como madres y padres estemos al pendiente de cual es el trasfondo en las actitudes y comportamientos de nuestros hijos e hijas, y detectar qué de lo que estamos haciendo los lleva a actuar del modo como lo hacen, en especial si son comportamientos reiterados y continuos. Nos implica un proceso de introspección hacia nosotras y nosotros mismos para ahondar en nuestros modos de relacionarnos con otros adultos y con nuestros hijos e hijas, pues desde esa mira interior encontraremos muchas respuestas en relación a las actitudes y comportamientos de nuestros bebés y niños pequeños que nos desagradan.

En ese proceso de ser más conscientes y empáticos hacia nuestros hijos partimos de reconocemos que crecer toma su tiempo y en realidad lo importante y vital dentro de este enfoque de crianza es la calidad de la relación padre/madre-hij@. Por encima de la presencia o ausencia de comportamientos particulares, la confianza, el amor y solidez de la relación con nuestros hijos es la mejor medida de la efectividad que tiene la disciplina con amor, pues desde un vínculo fuerte y cercano será posible construir los comportamientos deseables a largo plazo y enfrentar y solucionar en el presente estos eventos indeseables que inevitablemente acompañan al proceso de ser niños y niñas. No quebrar el vínculo que nos une a nuestros hijos e hijas aún en momentos difíciles dentro de la crianza nos va a permitir siempre contar con más elementos para reaccionar y enfrentar la situación. A la vez que sienta las bases para que a medida que pasa el tiempo la calidad de ese vínculo crezca y nos mantenga unidos a nuestras hijas e hijos aún ante las dificultades y desacuerdos.

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