El reto de ser madres y padres a la altura de las necesidades infantiles.

European Parliament

Eurodiputada conservadora italiana Licia Ronzulli, con su bebé en el parlamento europeo, 22 de septiembre de 2010.
Tomado de la página: http://13616594427.blog.163.com/blog/static/61279053201211791753/

En la actualidad muchas prácticas biológicas normales y necesarias en relación a la maternidad-paternidad son modificadas culturalmente, a partir de los supuestos de la ideología patriarcal dominante y consumista de la que somos herederos. Es decir que lo que somos como padres y madres poco se basa en nuestras respuestas intrínsecas y en nuestra biología, sino que responde a un momento histórico cultural del que somos herederos y portavoces. En el cual hemos roto con los esquemas normales de autoregulación que tenemos como especie y que afecta mayormente a la biología femenina que se encuentra a nivel biológico tan eficientemente pautada en ciclos, patrones y períodos. Si nos rigiéramos por nuestra capacidad de autoregulación en relación a nuestra sexualidad de hembras todo sería mucho más sencillo y no serían necesarios mecanismos culturales de control para garantizar y optimizar la maternidad.

Cuando el deseo materno permanece activo e inalterable como pulsiones normales que acompañan a las emociones y sentimientos de la madre por su bebé, la maternidad protectora y al pendiente de las crías está garantizada y no necesita ser regulada externamente. Como hemos visto tanto la maternidad y la paternidad del modo como predominantemente se viven en nuestras sociedades occidentales, deja mucho que desear. El no priorizar las necesidades de los bebés humanos ni respetar las pulsiones biológicas de la madre que a su vez con implican al padre, en tanto la madre es la mediadora en la relación papá-bebé como afirman varios autores entre ellos Laura Gutman, afectan no sólo el modo como somos madres o padres sino que especialmente afecta la entrada de los bebés humanos a este mundo. El crearles un entorno que les brinde seguridad y confianza en que sus necesidades afectivas y de contacto están satisfechas se vuelve un requisito indispensable para el mañana y una garantía de que estos pequeños serán capaces de confiar y de abrirse a experimentar.

Nuestro reto es construir nuevas masculinidades y feminidades en torno a la maternidad-paternidad que pongan en primer nivel a los más pequeños, y logren conciliar nuestras expectativas tanto femeninas como masculinas en relación a los espacios públicos y los privados. A la vez que en el caso femenino respetar y potenciar el deseo materno hacia sus bebés que constituye la garantía biológica para una maternidad satisfactoria y comprometida carente de automatización y llena de DESEO y APEGO hacia nuestros hijos e hijas.

Ante todo esto implica que el mundo deje de ser pensado en masculino, a la velocidad y ritmo de los hombres y empiece a ser pensado ahora si en una noción nueva de lo femenino que incluye inevitablemente a las crías, sus tiempos, dependencia y necesidades de cuidados y atención.

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