Amamantar, un inicio más respetuoso.

En muchas ocasiones hemos escuchado hablar de los beneficios de la lactancia materna, en especial en relación a la salud y la nutrición de nuestros bebés. Pero es menos frecuente escuchar que la lactancia materna también tiene importantes beneficios en términos emocionales tanto para el bebé como para la mamá y en especial para la relación que se construye entre ambos. Al amamantar no sólo estamos incidiendo en la salud y el desarrollo físico de los bebés sino que además muchos ámbitos del desarrollo emocional y de la personalidad de nuestros hijos e hijas se conforman y desarrollan de un modo diferente por el sólo hecho de amamantarlos exclusivamente y a demanda.

La lactancia materna exclusiva y a demanda, establece un mayor vínculo de RESPETO Y RECONOCIMIENTO por parte de sus padres, en especial de la madre, hacia los bebés desde recién nacidos. Alimentarlos de este modo nos obliga como madres a aprender, reconocer y sobretodo RESPETAR las necesidades, particularidades y característica de cada bebé desde muchos antes que puedan expresarlas a través del lenguaje. Desde el nacimiento cuando amamantamos exclusivamente y a demanda son los bebés quienes deciden con que frecuencia quieren comer, que cantidad y de cual seno lo hacen, y desde ahí estamos entablando con ellos un vínculo diferente. Un vínculo que no los coloca en desventaja en relación al mundo adulto, sino que los valora y reconoce como seres particulares con sus propias  necesidades y requerimientos diferenciados.

El vínculo a través de la LME a demanda les brinda la oportunidad a los bebés desde recién nacidos de identificar sus necesidades, en un inicio desde sus mecanismos innatos, y satisfacerlas adecuadamente sin sobrealimentación, ni rígidos horarios, ni supuestos fijados externamente. Esas necesidades al poder ser expresadas y atendidas prontamente a través de la LM y satisfechas de manera personalizada (al punto de que la leche materna se ajusta en concentración y composición al tiempo y frecuencia de duración de las tomas que realiza cada bebé) se vuelven legítimas y reconocidas para el bebé desde el momento en que como madres nos encargamos de satisfacerlas a la brevedad. Esta circunstancia determina el que los niñ@s amamantados crezcan con una mayor conciencia de si mismos y de sus propias necesidades, y desde muy temprano aprendan  a reconocer y a expresar lo que quieren o no. Lo cual va a marcar su modo de relacionarse con el mundo en que viven.

Es frecuente escuchar la fascinación que expresan las madres que amamantan exclusivamente y a demanda ante la capacidad de sus bebés de pocos meses de edad hacerles saber lo que quieren y el modo como lo quieren. Desde muy temprano les avisan de cual pecho quieren comer, por si solos se sueltan o se prenden del pecho cuando han satisfecho sus hambre, les piden el contacto cuerpo a cuerpo cuando lo necesitan, aprenden a dormirse acomodados y relajados prendidos del seno en los horarios y momentos que su cuerpo lo requiere y no los que que le impone y establece arbitrariamente la sociedad. A tal punto llega esta capacidad del bebé de determinar sus tiempos y sus momentos que pueden llegar a expresar incomodidad o enojo cuando sus señales no son comprendidas adecuadamente, o incluso por etapas rechazar el pecho cuando saben que es hora de dormir y no quieren hacerlo entre otras prácticas. A la vez que estas mismas madres y sin la necesidad de que medien palabras aprenden a entender a sus pequeñ@s y a satisfacerlos y acompañarlos de manera más oportuna y rápida.

Como cultura hemos ido armando el mundo desconociendo las necesidades y particularidades de los niñ@s en especial antes de los 2 años de edad. Alimentarlos con suplementos de leche y biberones con cantidades estandarizadas y con horarios preestablecidos por “expertos” que desconocen las particularidades de cada bebé, es el inicio de ese vínculo totalmente IRRESPETUOSO que establecemos con los más pequeñ@s y que sin dudas tiene consecuencias a largo plazo y a gran escala. Cuando nos acostumbramos a pensar y plantear la relación con nuestros hij@s en esos términos gritarles, chantajearlos, pegarles o no tenerlos en cuenta a la hora de armar nuestro mundo adulto, resulta sencillo pues los propios niños y niñas están más indefensos y son menos capaces identificar como legítimo lo que sienten y quieren. Sin dudas desde estas prácticas estamos legitimando el que como cultura establezcamos una relación  poco respetuosa con los otros y con el mundo en que vivimos.

Si nos preocupa el tipo de relación que establecemos con nuestros hijos y el que sean seres RECONOCIDOS Y RESPETADOS desde el nacimiento sin dudas amamantar exclusivamente y a demanda es el mejor comienzo. A la vez que sienta las bases para un modo diferente de relacionarnos los unos con los otros.

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