Amamantar y el manejo de la frustración.

La frustración es una sensación que nos acompaña permanentemente a la largo de nuestra vida humana. Es inevitable sentir sentimientos de tristeza, dolor, asociados a no lograr algo esperado o ante la imposibilidad de no satisfacer alguna urgencia.

Más allá de que los bebés y niños pequeños no pueden expresar, ni entender sus sentimientos no por eso están exentos de experimentar esas emociones negativas que acompañan a la frustración al no ser satisfechas prontamente sus necesidades básicas. Durante su estancia en el útero el bebé satisface todas sus necesidades básicas de manera inmediata, pues las señales biológicas emitidas por su organismo son leídas e interpretadas de inmediato por el cuerpo materno y la respuesta no se hace esperar, incluso en algunos casos las respuesta se anticipa a las necesidades.

El nacimiento implica un cambio muy importante para el bebé en términos de SATISFACCIÓN de necesidades y el llanto se vuelve su único mecanismo para hacernos saber de su INSATISFACCIÓN. La FRUSTRACIÓN aparece acompañando a este proceso en torno al llanto y la insatisfacción de necesidades. Esa frustración puede llegar a ser acumulativa cuando no estamos prestos a satisfacer la necesidad que intentan comunicarnos, lo cual va generando daños en su desarrollo emocional y psicológico. Lo que da pie a que los bebés pierdan la confianza en que sus necesidades serán satisfechas prontamente con la consiguiente sensación de inseguridad que algo así ocasiona.

La lactancia materna aparece como el mecanismo biológico perfectamente diseñado para satisfacer las necesidades del bebé prontamente, casi tan rápido como sucedería dentro del cuerpo materno. Ante cualquier necesidad básica del bebé recién nacido (hambre, sed, frío, necesidad de succión, de contacto, desamparo, sueño) la colocación al seno materno y su succión son la respuesta perfecta e ideal para los indefensos e inmaduros bebés. A través del seno además de alimento y protección inmunológica reciben la oxitocina, hormona que genera tanto en la madre como el bebé una SENSASIÓN DE BIENESTAR Y SATISFACCIÓN que sólo puede ser sentida de ese modo. A lo cual se añade que los tiempos de espera de los bebés amamantados se acortan mucho, pues de inmediato que comienzan a dar las primeras señales de insatisfacción sus madres los colocan al pecho sin esperas previas, como sucede cuando son alimentados con biberón.

En el caso de bebés mayorcitos o niños pequeños, estos aprenden a encontrar en el pecho una respuesta ante la FRUTRACIÓN que viven en su día a día, y se acercan a la madre pidiéndole el seno en busca de resguardo y protección luego de que han vivido episodios desafiantes, situaciones incomprensibles o han pasado por malos momentos y que con sus escasos recursos emocionales y cognitivos no son capaces de resolver por sí mismos. De modo que la lactancia materna se vuelve también un mecanismo psicológico para enfrentar los estados emocionales negativos asociados a los desafíos de aprendizaje y a los retos que los más pequeños enfrentan en su proceso de crecimiento y desarrollo. En tanto aprenden a encontrar otros modos de enfrentar la frustración, la lactancia materna es el mecanismo ideal para ayudarles a liberar los elevados niveles de adrenalina y otras hormonas que se liberan cuando están tensos, inquietos, cansados, hambrientos, desesperados. Sin necesidad de que vivan todo el proceso completo de tensión y estrés asociado a los elevados niveles de adrenalina puesto que la oxitocina que ingieren a través del pecho materno se encarga de generar en ellos un estado de relajación-satisfacción.

Esta mezcla entre tiempos de espera más cortos y la sensación de SATISFACCIÓN biológica que viene acompañando al amamantamiento genera que los bebés amamantados tiendan a vivir menos FRUSTRACIÓN y por ende acumular menos emociones negativas asociadas al desamparo y la falta de atención. Las cuales a largo plazo van convirtiendo a los bebés en niños aislados o apáticos que pierden la confianza en que sus necesidades serán satisfechas o en niños violentos e incontrolables que pelean a toda costa por esa atención constantemente pospuesta o negada y que viven la frustración como una pesada carga que no saben como manejar.

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