La maternidad-paternidad una mirada histórico-cultural: reivindicaciones de género o la paternidad desestimada (2da parte)

No es hasta que el machismo se impone como ideología dominante y dominadora que se inicia una etapa de deslegitimación de la mujer y sus roles en otros ámbitos dentro de las sociedades. Se recluye a la mujer al ámbito privado y se limita y prejuicia su participación en otras esferas sociales, limitando sus roles a la maternidad y las labores domésticas. En la escalada social en la que  los hombres fueron abriéndose más oportunidades, posibilidades y compitiendo por el poder y el ascenso en el ámbito público (sus funciones iban más allá del rol de proveedor-cuidador), las mujeres (independientemente de la edad y de si eran madres o no) fuimos excluidas de ese proceso y recluidas al espacio privado.

Como siempre sucede cuando de legitimar las cosas se trata todo esta dinámica estuvo acompañada de una ideología estigmatizante hacia la mujer que permitía sustentar y perpetuar ese proceso. Eso dio pie a que criar, culturizar y cuidar de los hijos e hijas en el día a día pasara a ser una tarea exclusivamente femenina y en la cual los hombres tenían un rol muy limitado. Como parte de ese juego de roles los hombres se auto-excluyen en sus funciones paternales, pero a la vez son excluidos por las mujeres probablemente como mecanismo para defender el espacio al que iban quedando recluidas. Lo cual a su vez profundiza cada vez más la brecha de las funciones sociales entre los diferentes sexos y da pie a una dinámica de género muy distinta para hombres y mujeres.

Una siguiente etapa aparece cuando una nueva oleada de pensamiento se desencadena a partir de que un grupo de mujeres y algunos hombres comienzan a cuestionarse la carencia de opciones y oportunidades para las mujeres en el ámbito público. El feminismo viene acompañado de un replanteamiento y una renovación del rol de género al que habían sido destinadas las mujeres y que en su mayoría (salvo algunas excepciones) habíamos aceptado y asumido como sexo. Se inicia una lucha en defensa de los derechos de participación de la mujer en igualdad de condiciones que los hombres, en los diferentes ámbitos públicos dentro de la sociedad. Todo ello con la consiguiente e imprescindible transformación ideológica que cuestiona las capacidades y aptitudes femeninas para desempeñar determinadas funciones. Se levanta de a poco una nueva mirada acerca de la mujer, de sus potencialidades y de sus capacidades y se van creando paulatinamente condiciones para su participación en los diferentes espacios y ámbitos de la vida pública. Proceso que a su vez resulto conveniente en términos económicos pues contaban con mayores posibilidades de manos de obra asalariada (e incluso en los inicios con salarios más bajos que los hombres) y por ende con el consiguiente impacto en términos de productividad. Seguramente otra sería la historia del capitalismo mundial (algo en lo que el “socialismo” tampoco se quedó atrás) si no hubiera estado acompañada de este proceso de inserción y participación de la mujer en las tareas productivas a escala global.

Claro que todo este proceso de transformaciones de los roles de género impulsado desde la ideología feminista estuvo principalmente enfocado hacia darle un nuevo rol a las mujeres que habían quedado recluida al espacio privado. A la vez que de se da un cuestionamiento de la sexualidad femenina y de las funciones maternales, y de su papel como cuidadora y responsable del funcionamiento dentro del hogar, que incluía la atención y cuidados hacia el/los hombres de la familia. Con el machismo los hombres estuvieron exentos de las tareas domésticas y su función se fue estructurando hacia ser el proveedor familiar. Esta tendencia se fue recrudeciendo al ir acompañada de una ideología que cuestionaba las capacidades y aptitudes femeninas para realizar labores física e intelectuales que se asumieron como masculinas y por ende se fue estructurando el mundo desde una mirada masculina, con pequeños toques femeninos dados por algunas pocas mujeres que lograron ir por encima de esos esquemas patriarcales.

Romper con toda esa ideología patriarcal que limitaba a la mujer a los espacios privados y sus funciones de madre y esposa, privándolas del derecho de participación social en igualdad de condiciones  que los hombres, fue la prioridad de aquellas y aquellos quienes levantaron sus voces para cuestionar el rol social femenino. En ese nuevo enfoque en torno a la mujer, la prioridad resultó legitimar el aporte de la mujer al proceso de crecimiento y construcción cultural (político, social y económico), desde legitimar sus derechos de acceso a diferentes ámbitos de los cuales había estado exenta (toma de decisiones, construcción de conocimiento a nivel público).

Todo lo cual representó un gran paso en términos de participación social de la mujer, pero a la vez era obvio que para las mujeres aparecía un “impedimento” en su proceso de incorporación a los roles sociales, la MATERNIDAD.

(CONTINUARÁ.)

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Cultura y Género y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s