¿Tiempo de calidad?

Es un requerimiento tanto para los bebés como para los niñ@s pequeños la permanencia y el vínculo constante con el mundo de los adultos. En especial antes de los 2 o 3 años de edad el mundo infantil gira principalmente en torno a los adultos o niños más grandes que los rodean, pues como parte de su proceso de culturización necesitan un acompañamiento casi permanente para aprender los códigos y pautas que le permitirán convertirse en seres humanos. En el caso de los bebés que no son atendidos, que reciben pocos cuidados, que sus necesidades no son satisfechas prontamente aprenden muy lentamente a socializar, y  los códigos de comunicación (sonrisas, lenguaje, gestualidad) del grupo, a la vez que tienden cierta tendencia hacia el aislamiento y el rechazo del contacto corporal. La medida en la que se da este proceso va a depender del grado de abandono en que vive cada bebé, pero las diferencias soy muy obvias en relación a aquellos que son atendidos, acompañados y cuidados prontamente y que aprenden a sonreir, hablar y gestualizar con rapidez. El sólo hecho de vivir rodeado de atenciones y cuidados marca una profunda diferencia en el modo como se van definiendo las personalidades de los recién nacidos.

Esta circunstancia es un requerimiento que los seres humanos tenemos en nuestro proceso de aprender a ser seres sociales y a comportarnos y relacionarnos como tal. La vida en sociedad nos impone retos que van mucho más allá de nuestra biología, y aunque nacemos con todas las capacidades para adaptarnos a este modo de vida, nos requiere madurar y aprender a hacerlo. Es como parte de este proceso que los niños y niñas necesitan tiempo de compartir e intercambiar con otros miembros del grupo y en especial con sus madres y padres, puesto que lo ideal es que el proceso de aprender a ser seres humanos vaya acompañado del desarrollo de nuestra capacidad de amar.

Es precisamente por todo lo anterior que el tiempo que como madres y padres dedicamos a nuestros hijos es imprescindible e irrecuperable. En especial la permanencia con la madre y durante los primeros 3 años de vida, puesto que es el momento en el cual se sientan las bases para desarrollar la personalidad de los bebes y niñ@s pequeñ@s. Es mediante el vínculo de apego  que se establece durante esa etapa que se da en la permanencia y se fomenta desde la lactancia materna, el amor, el permanecer en brazos, el colecho, que estamos aportándole elementos a nuestros pequeños para desarrollar personalidades seguras, confiadas en si mismas y que desde ahí tengan más elementos para proyectarse hacia la autonomía.

El hecho de que los bebés y niños pequeños sean cuidados en guarderías (por muy amigables que sean con los niños) o por terceras personas, marca una importante diferencia en relación al desarrollo de los infantes. Los niños como parte de su maduración necesitan no sólo apegarse a algún o algunos adultos para ir generando reconocimiento, sino que además necesitan reflejarse en ellos como parte del proceso de definirse a si mismos. Todo ese complejo proceso psicológico tiene lugar en la medida en que los bebés y niños pequeños estén siendo acompañados y reconocidos, y en tanto sus cuidadores estén prestos a darse la oportunidad de proyectarles una imagen positiva de si mismos. Como es de suponer esto es un proceso que no sólo toma varios años de la vida en la vida de un niño sino que implica mucho tiempo de dedicación por parte de la figura maternante principalmente, y por supuesto que nada mejor para los niñ@s que cuando esa figura es la madre biológica y se ha dado la oportunidad de implicarse y apegarse en su maternidad (algo que transcurre desde la biología). Es por ello que el supuesto de que es suficiente para los niños y niñas con que los padres le dediquen a sus hijos el llamado “tiempo de calidad” en tanto están con ellos, aunque eso sólo sean unas pocas horas o minutos al día dista mucho de ser válido.

Esa falsa creencia parte del supuesto de que aunque el tiempo que pasemos con nuestros hijos e hijas sea poco, lo importante es que esté lleno de actividades y eventos trascendentes para el/los niños y niñas. Ese tipo de creencia genera el que muchos padres luego de casi no convivir con sus hijos más que unas pocas horas al día, vivan esperando los fines de semana o las vacaciones, con la ilusión/fantasía de recuperar el tiempo perdido, de poderles dedicar a sus hijos el famoso y mágico “tiempo de calidad” del que tanto se habla. Esto bajo el supuesto y desde el anhelo de reconstruir con ellos los vínculos y momentos perdidos o no vividos en el día a día y sobre los cuales se funda el vínculo y el apego con los niñ@s.

Todos tenemos claro que el vínculo entre los seres humanos se construye desde la convivencia, en el día a día, en el compartir emociones, experiencias, en el conocernos mutuamente y entregarnos como parte del convivir. ¿Por qué habría de ser diferente en relación a nuestros hijos e hijas? ¿Por qué pensar que podemos en pocas horas vivir con ellos suficiente, cuando en el fondo nos hemos perdido de ellos 8 o 10 horas al día? ¿Por qué solemos creer que podemos recuperar en un intenso fin de semana todo lo que no hemos hecho, compartido juntos, aprendido mutuamente, cuando en el fondo sabemos que no hemos sido parte ni de la mitad de lo que nuestros bebés y niños pequeños han aprendido en una semana de vida? Claro que es más positivo para los niños contar con esos momentos especiales con sus padres y madres que no tener atención de ellos en ningún momento, pero lo que si tenemos que tener en claro es que con esos pocos momentos de supuesta calidad, no estamos supliendo la cotidiana demanda de atención y cuidados que requieren nuestros hijos. Estamos dejando un vacío en sus vidas que van a llenar de otras maneras que no necesariamente nos gustarán y sin dudas de algún modo esto tendrá repercusiones en el modo como nos ven y se relacionarán con nostros hacia el futuro.

El modo como hemos armado nuestras vidas en función de garantizar la seguridad económica tiende a excluir y desestimar la cuestión del tiempo en relación a la crianza de los hij@s. Los niñ@s también en este sentido van quedando fuera de las prioridades del mundo adulto, que niega, olvida o desconoce las necesidades de los más pequeños en lugar de priorizarlas al ser quienes están en formación y crecimiento y por ende necesitan y demandan más atención… pero sobretodo desestimando que “los niños son la esperanza del mundo” y que desde su formación se sientan las bases para lograr construir un mañana diferente.

En este mismo sentido les comparto esta reflexión de Carlos González tomada de su libro Bésame Mucho, en la cual con su característica ironía y sentido del humor desenmascara este supuesto en relación al tiempo de calidad y los hij@s:

El tiempo de calidad por Carlos González

Muchas familias sienten claramente que la guardería no es una solución óptima, que recurren a ella forzados por la necesidad. En vez de ir a la raíz del problema y crear las condiciones sociales o económicas para que cada familia pueda escoger libremente, muchos han optado por huir hacia adelante: cantar las excelencias de las guarderías y asegurar a las madres que no existe ningún problema. 

Se asegura a las madres que, aunque estén separadas de sus hijos ocho horas al día (que facilmente se convierten en diez, con el trasporte), podrán cuidarle exactamente igual, porque lo importante no es la cantidad sino la calidad. Y en dos horas de “tiempo de calidad” podrán hacer lo mismo que otras madres en diez o doce horas.

Confieso que la idea me parecía más o menos aceptable hasta que tuve que vivirlo en carne propia, cuando pedí excedencia como pediatra para poder dedicar más tiempo al cuidado de mis hijos. Renuncias a un trabajo, a un sueldo, a las expectativas de promoción y ascenso, al reconocimiento social de una profesión. Como las guarderías están ampliamente subvensionadas, tu familia, con un solo sueldo, tiene que ayudar con sus impuestos a pagar la guardería de las familias con dos sueldos. Y encima tienes que oír frases del tipo: “Pues no sé de que te sirve quedarte en casa. Yo paso menos tiempo con mi hijo, pero es tiempo de calidad que es lo que importa”.

¿Y quién dice que mi tiempo no es de calidad? A igualdad de calidad, mis hijos y yo tenemos más tiempo.

Tendríamos que convencer de esto a nuestros jefes: “A partir de ahora, vendré sólo dos horas al día a trabajar, pero como será tiempo de calidad, haré lo mismo que otros ocho horas y cobraré lo mismo” ¿A que no cuela? En cualquier trabajo o en cualquier actividad, desde poner ladrillos hasta tocar el piano, sólo se puede conseguir el éxito a base de “echarle horas”. ¿Por qué pretenden hacernos creer que cuidar a nuestros hijos es, precisamente, la única actividad humana en que el tiempo se hace elástico?.

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Una respuesta a ¿Tiempo de calidad?

  1. Surena dijo:

    Muy interesante esta reflexion y totalmente de acuerdo.

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