Mitos y creencias post-parto: ¿le puede bajar la glucosa al recién nacido?

Hay un mito muy difundido entre los especialistas de salud y que afecta radicalmente el inicio de la lactancia materna y la relación de apego y vínculo emocional de la madre recién parida con su bebé: “El recién nacido corre el riesgo de que le baje la glucosa, si no se le dan suplementos de fórmula inmediatamente después de nacer y en tanto a la mamá se le produce la bajada de la leche 2 o 3 días después”.

¿Cuantas de nosotras no hemos sido atemorizadas y sorprendidas por un comentario como este? Esta creencia errónea y aparentemente inofensiva es una de las principales causas de complicaciones y dificultades para el inicio de la lactancia materna y el establecimiento de esta. ¿Cuantos bebes recién nacidos son suplementados con fórmulas sustentado en esta creencia aún antes de ser colocados al pecho de su mami por primera vez?

En mi experiencia personal tuve una dura batalla de este tipo con el pediatra que nos atendió durante el parto. A pesar de que Iñaki se prendió desde el primer momento al pecho y succionó de manera muy efectiva y con mucha fuerza, en algún momento del segundo día el pediatra llegó a presionarnos, porque las enfermeras le habían comentado que no queríamos darle biberón a nuestro bebé, para que le diéramos fórmulas lácteas  Luego de examinar a nuestro bebé  y comentarnos que todo estaba muy bien con él, nos dijo que era necesario suplementar  para evitar que le bajara la glucosa a nuestro bebé. Ante ese comentario, en todo mi estado de vulnerabilidad (pues luego de 14hrs de trabajo de parto terminé con un cesárea innecesaria que no logré resolver emocionalmente hasta mucho tiempo después)  intenté  explicarle con la mayor calma posible la importancia de no suplementar con otras leches. De evitar el uso de biberones para el establecimiento de la lactancia materna, y de que no era necesario en tanto el bebé estuviera succionando el pecho con frecuencia (algo que Iñaki hacía muy seguido). En lugar de enfocarnos a acomodar bien a mi bebé al pecho, de asegurarnos de que estuviera siendo amamantado con frecuencia, todo giraba en torno a la necesidad de darle de comer (como si darle pecho no lo fuera) para evitar que se le bajara la glucosa. La conversación fue subiendo de tono pues el pediatra insistía en su posición de que le bajaría la glucosa a mi bebé, en tanto yo intentaba explicar porque no quería suplementar.

Al final como no logró convencerme (a la vez que seguramente el modo cubano de pelear mi maternidad le resultó demasiado agresivo  o por lo menos lo tomó por sorpresa) se fue de la habitación contrariado. A los pocos minutos y ahora si para mi sorpresa entró acompañado de la enfermera (de la cual afortunadamente ya sabíamos el nombre) y antes de darnos ninguna explicación, la enfermera fue hacia Iñaki y empezó a preparar condiciones realizar unas tomas de sangre. Por mi parte sin todavía creerme lo que veía, pero con la rapidez que la situación requería pregunté el por qué de ese procedimiento, si acababan de informarnos que todo estaba bien con nuestro pequeño. El pediatra de inmediato comentó que ante nuestra negativa de darle suplementos de leche el procedimiento sería extraerle muestras de sangre cada cierto tiempo para estarle revisando los niveles de glucosa y garantizar que no le bajara.

Cuando pienso en ese episodio no puedo evitar la sensación de incredulidad que me invadió, realmente yo no podía creer que estaba viendo lo que mis ojos veían, no podía creer que fuera cierto que iban a pinchar a Iñaki, sólo porque el doctor quería darme una demostración de su poder. Lo cierto es que mis instintos maternales ya estaban lo suficientemente activados para ese entonces como para permitir algo así, de modo que de inmediato le hablé directamente a la enfermera por su nombre y le dije que se detuviera. Como no podía moverme de la cama pues estaba todavía con suero y con la inmensa herida en mi bajo vientre, no podía hacer otra cosa porque en realidad lo que mi cuerpo rugía por hacer era lanzarme sobre mi bebé, tomarlo de su cunita y quitarlo del alcance de todos. Para ese entonces ya su papá estaba en actitud de aquí nadie toca a mi hijo, y luego que pasó el peligro inmediato entonces intentamos entre ambos dialogar con el médico.

Por mi parte en la postura de no voy a permitir que le saquen sangre al bebé y mucho menos cada cierto tiempo, que nunca definió cuan frecuente sería por cierto, Renato más a su modo conciliador pero con la misma intensión de no permitir algo así. Para entonces el doctor ya en plan muy ofendido nos comentó que él no quería tener ningún tipo de responsabilidad en este caso, y que tendríamos que firmarle un documento que lo exoneraba de sus responsabilidades si algo sucedía. Algo que por supuesto yo no tenía ningún inconveniente en hacer dadas las circunstancias.

Mi mamá y la abuela paterna también fueron espectadoras de la escena, ninguna de las dos comentó nada en un momento así. Mi mamá que me conoce creo que no se sorprendió mucho de mi reacción, mi suegra seguramente estaba llena de sorpresa y vergüenza a la vez, pues eso de pelearse con un médico es algo demasiado raro para algunas personas. Mi propia experiencia y el comentario de otras madres me confirma que este tipo de situaciones son frecuentes en los centros de salud del país, en tanto son prácticas totalmente innecesarias e injustificadas y lo peor de todo es que quizás no todas las madres y padres, tuvieran en momento así todos los elementos para enfrentarse a los “especialistas” y no dejarlos hacer su equivocada voluntad.

En lo personal haber vivido este tipo de situaciones es una de las razones que me mueven a dedicarme a apoyar la maternidad y la paternidad, para evitar que este tipo de actitudes y situaciones sigan siendo cotidianas y que con ello se afecte el proceso natural de vivir la maternidad y el inicio de la lactancia materna. En este caso no existe ninguna base científica en el supuesto de asumir que a un recién nacido se le bajará la glucosa porque el calostro materno no es suficiente alimento o porque pasará unas 2 a 3 horas iniciales sin ser alimentado (el bebé trae una reserva de glucosa hepática para tal fin). Sin embargo sigue siendo una rutina en la mayoría de los centros de salud del México que resulta totalmente innecesaria y contraproducente para los bebes, a la vez que tiene consecuencias negativas para la consolidación y establecimiento de la lactancia materna. Los bebes recién nacidos a término y por parto vaginal o cesárea luego de varias horas de trabajo de parto, por lo general están alertas y son capaces de prenderse y succionar por si mismos el pecho materno, inmediatamente después del nacimiento. Lo cual les permite alimentarse del calostro que es el mejor alimento y en cantidad suficiente para los bebes humanos durante los primeros días antes de la bajada de la leche.

En el caso de bebes prematuros que no requieren cuidados especiales (necesitan ser intubados por estar demasiado inmaduros) o los nacidos por cesáreas programadas, puede suceder que permanezcan adormilados por varias horas y sus instintos estén atenuados por no haber completado su maduración. Lo anterior dificulta un poco el que logren prenderse al pecho de inmediato nacen para realizar succiones efectivas y por ende en estos casos toma algo de tiempo el que se active el reflejo de succión de estos bebés. La succión del bebé tiende a ser más débil y en algunos casos les toma varias horas reaccionar al nuevo entorno en el que se encuentra pues no vivieron el estrés positivo del parto, lo cual complica el inicio de la lactancia materna. Lo recomendable para casos así es que el bebé permanezca directamente en contacto piel con piel con la mamá desde el primer momento luego del nacimiento, y que sea estimulado frecuentemente a prenderse al pecho e iniciar la succión en un ambiente tranquilo y sin demasiado ruido para no distraer su atención hacia otras cosas más allá de las sensaciones que está viviendo. En caso de que el reflejo de succión no se active unas horas luego del nacimiento o que el bebé no de señales de despertar luego de permanecer cuerpo a cuerpo con su mamá, entonces si sería necesario dar suplementos al bebé.

Las opciones para suplementar van desde hacerlo con el propio calostro extraído de su mamá, con leche materna en caso de que existan bancos de leche materna o con fórmulas lácteas comerciales si no fueran posible las opciones anteriores. En todos los casos el suplemento debe ser suministrado al bebé sin usar biberones sino hacerlo con cuchara, jeringa, vacito, gotero o suplementador de lactancia materna para con esto evitar que el bebé aprenda un patrón de succión equivocado que atenta luego contra la succión correcta del pecho materno. En esos primeros días es suficiente para alimentar al bebé que ingieran pequeñas cantidades de leche pues el tamaño de sus estómagos es tan pequeño que no requieren varias onzas de leche para alimentarse ((https://maternidadaldesnudo.wordpress.com/2013/02/17/mitos-y-creencias-post-parto-sobre-alimentar-el-inicio-del-problema/). Aún en estos casos un poco más complicados porque el bebé demora más de tiempo en realizar succiones efectivas, pasados unos días después del nacimiento y en tanto el bebé permanezca con su mamá piel con piel casi permanentemente, los bebes recuperan sus instintos apagados y son capaces de ser alimentados directamente del pecho como los bebés nacidos a término o luego de un trabajo de parto.

El sólo hecho de no suplementar a los recién nacidos de inmediato y darles la oportunidad de permanecer junto a sus madres para que se activen sus instintos de búsqueda y succión, garantiza un inicio de la LM más sencillo y fácil para la pareja de lactancia mamá-bebé.  Si realmente queremos hacer lo mejor por los bebés, en tanto menos interfiramos en el proceso más estaremos propiciando su buen desarrollo físico y emocional.

 

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