¿Amamantar duele o produce grietas?

Entre los mitos frecuentes que nos encontramos y que afecta la decisión de muchas madres a la hora de amamantar encontramos “amamantar es doloroso en especial al inicio de la lactancia, a la vez que se forman grietas y se lastiman los pezones, en ocasiones hasta sangrar”. Todos hemos escuchado muchas historias en ese sentido, incluso en algunos casos historias que hasta nos preguntamos cuan ciertas serán pues se habla casi de pezones a punto de desprenderse de tan agrietados y sangrantes.

En otros casos historias de mamás a las que la lactancia materna se les complica mucho porque luego de esa etapa difícil de grietas y dolores y cuando todo parecía que regresaba a la normalidad los dolores reaparecen, se agudizan y hasta se prolongan por un tiempo más. En algunos de estos casos las molestias seden a los pocos días si la madre logra vaciarse el pecho con frecuencia pues en ocasiones se debe a una ingurgitación mamaria. Es decir una acumulación de leche en el seno por deficiente vaciamiento del pecho, que genera inflamación, enrojecimiento y dolor en algunas zonas localizadas del pecho a raíz de que se produce la bajada de la leche y la producción de leche materna aumenta bruscamente. En el peor de los casos los problemas de grietas e ingurgitación mamaria se complican con la aparición de una infección en el pecho o de mastitis, la cual necesita un tratamiento de antibióticos específicos de acuerdo a los microorganismos que causan la infección y que penetran en el pecho por lo general a través de las grietas o que proliferan ante un deficit inmunitario de la mamá.

Al profundizar en el tema la conclusión a la que se ha llegado a partir de la experiencia práctica de miles de madres que han vivido la lactancia materna sin esas complicaciones, es que el dolor, las grietas, los pezones lastimados durante los primeros días de lactancia materna y que luego pueden complicarse, está asociado en realidad con: problemas en la postura al acomodar al bebé al pecho, problemas en la posición de la boca del bebé al prenderse al pecho y succionar. A la vez que en el caso de inadecuados patrones de lactancia materna como en el caso de bebés alimentados con lactancia mixta o bebés adormilados que maman con poca frecuencia y por ende los senos permanecen llenos de leche por demasiado tiempo. Muchas madres han confirmado a través de su experiencia como en ocasiones cuando todavía no se han agudizado demasiado las molestias, es suficiente con adoptar una postura adecuada para acomodar al bebé al pecho y los dolores, las grietas y la incomodidad desaparecen casi de inmediato. Un pequeño cambio en la postura del bebé o en la colocación de su boca puede generar en la madre una reconfortante sensación de alivio durante la toma pues el cambio de postura libera los pechos lastimados por las succiones del bebé.

En cuanto a las posturas para amamantar han sido descritas varias que ayudan a acomodar al bebé en diferentes posiciones para prenderse del pecho, en todos los casos lo que resulta imprescindible para que se de una lactancia efectiva es generar una postura de estabilidad para el bebé, en especial desde el nacimiento hasta los 3 o 4 meses de edad que los bebes dejan de depender de esa postura para sentirse cómodos y seguros y lograrse acomodar. Esto se refiere a que el bebé sea colocado de manera tal que su pecho y abdomen tengan un apoyo firme, en este caso contra el cuerpo de la madre (de manera tal que el cuerpo de ambos queden alineados uno frente al otro y en contacto estrecho, en tanto el rostro del bebé quede totalmente de frente al pecho sin necesidad de voltear su cuello para el agarre) de manera tal que el bebé pueda concentrar su atención y realizar los movimientos necesarios para garantizar el enganche, y el ciclo de succión, tragar y respirar correctos. Una postura como esta en la que el cuerpo del bebé está firmemente apretado contra el abdomen y el pecho de la madre le permite al bebé un mejor control de su cuello y de su mandíbula y a la vez puede realizar movimientos más refinados con su lengua. Todo lo cual desemboca en una adecuada postura para prenderse y succionar el pecho, sin lastimar el pezón o los senos de la madre y por ende garantizar una lactancia materna más placentera y sin contratiempos.

Es precisamente esa postura de contacto estrecho entre el cuerpo materno y el del bebé puesto, lo que garantiza la postura de estabilidad para una lactancia materna efectiva, en la que el bebé “que está en brazos de su madre con un espacio entre el vientre del bebé y el cuerpo de la madre puede estar en una línea recta pero no está bien soportado. Si el bebé está bien pegado al cuerpo de la madre, los brazos hacia adelante y flexionado el codo, sin espacios entre su torso y el de ella, ella puede sentarse, pararse, incluso correr sin afligirlo”. Esa sensación de soporte y firmeza que se establece a través del contacto cuerpo a cuerpo le genera al bebé una línea de estabilidad media que le permite enfocar su atención en el pecho sin distraerse hacia otros estímulos del entorno y pudiendo realizar un agarre apropiado y una succión efectiva sin lastimar los senos maternos.

Otras de las causas de estas molestias en los senos al amamantar cuando no está relacionado con la postura de lactancia pueden estar asociados al modo como el bebé se prende al pecho. Los bebes de manera innata tienden a acomodarse al pecho abriendo su boca y colocando su mandíbula inferior de manera tal que su boca atrapa asimétricamente gran parte del pecho (todo el pezón y gran parte de la aureola y una mayor parte por debajo que por encima del pecho) y colocan la lengua entre su mandíbula inferior y el pecho, lo que les permite realizar movimientos con su lengua por debajo del pezón y parte de la aureola para garantizar la succión. Este mecanismo de agarre y succión es totalmente innato (no es necesario aprenderlo se nace con ese reflejo) en los mamíferos y si no se ve alterado por las prácticas culturales transcurre de manera normal y efectiva en los recién nacidos. Los problemas aparecen al introducir biberores o chupones, los cuales implican una manera de colocación y acomodo de la lengua muy diferente (por delante, en lugar de por debajo) y por ende afecta los patrones de colocación y succión innatos de los bebes y genera una confusión en estos. Los bebes alimentados con biberón o que usan chupones desde recién nacidos tienden a acomodarse al pecho con la lengua por delante o por encima del pezón, como lo harían para succionar las tetinas de silicona. Lo cual lastima los senos y pezones maternos, a la vez que no genera una succión efectivas y por ende no se produce la bajada de la leche, la cual transcurre gracias a la succión del pecho y no por gravedad como en el caso de los biberones.

Es precisamente esta mal agarre del pecho una de las principales causas de molestias en los senos al inicio de la lactancia materna y además provoca que el bebé se irrite y enoje cuando se prende al seno pues no logra activar la salida de la leche materna y por ende al no recibir alimento tienden a soltarse y rechazar el seno materno. Esta práctica tan extendida y contraproducente para el adecuado crecimiento y desarrollo del recién nacido es una de las principales causas de problemas con la lactancia materna desde las clásicas molestias en los senos, hasta el rechazo del pecho que aparece como una de las razones por las cuales las mamás no logran amamantar a sus bebés.

En realidad amamantar no es doloroso, en todo caso puede llegar a ser algo incómodo o molesto durante los primeros días pero sin llegar a causar grietas o sangrado en los senos maternos. Si esto sucede entonces es importante revisar la posición de lactancia o el modo como el bebé acomoda su boca para succionar y sobretodo eliminar biberones o chupones antes de los 2 meses de edad del bebé.

Referencias:

Rosales Saade, Olga (IBCL, líder de la Liga de la Leche), La lactancia materna es natural, es instintiva, XXV Taller Nacional de Líderes, Chapala, Jalisco del 15 al 17 de septiembre de 2012.

La buena posición previene las grietas, Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 13 Numero 1 Año 2001.

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