Amamantar facilita el proceso de maternar.

Una de las  razones por las que a algunas mujeres nos cuesta decidirnos a amamantar es porque existe la creencia popular de que amamantar es algo en extremo agotador y que implica un esfuerzo continuo de la madre. En esa lógica de pensamiento la madre se la pasa agotada y sin reponerse del cansancio de días y  días de estar dándole el pecho a su bebé que no la deja dormir y descansar. Este tipo de creencias aparentemente inofensivas tienden a esconder lo que realmente sucede cuando se da el pecho, entre otras cosas porque son elaboradas desde la experiencia de mujeres que a lo largo de los últimos 100 años no han amamantado,  o que han practicado lactancia mixta (amamantar y alimentar con suplementos de fórmulas). Lo cual por supuesto genera una experiencia muy distinta a la que vivimos las madres que elegimos amamantar exclusivamente y a libre demanda a nuestros bebes y niños pequeños.

Desde mi propia experiencia como madre de un niño pequeño de 3 años al que todavía amamanto, esto no es lo sucede.  A la vez como antropóloga especializada en crianza y que me ha dedicado a profundizar en el tema, a través de la observación y la experiencia de otras madres y partiendo de lo que sucede a nivel biológico, la realidad para las madres que amamantan exclusivamente y a demanda es muy distinta a lo que se asume popularmente. Amamantar exclusivamente y a demanda en lugar de ser agotador y extenuante como se tiende a pensar, nos da la posibilidad como madres de encontrar momentos para el reposo, la relajación y el descanso, nos sintoniza con las necesidades de nuestros bebes, en resumen nos facilita la maternidad.

La llegada del primer bebé a la familia implica un cambio muy radical en la dinámica de vida de la pareja, en especial para la mamá, por la nueva dimensión de si misma y de su cuerpo que se abre con la llegada del bebé y porque va a ser el cuerpo de la madre el lugar de encuentro y resguardo perfecto para el recién nacido. Desde el último trimestre del embarazo la conexión entre mamá y bebé se estrecha, el bebé cada vez es más presente en el día a día de la madre y poco a poco el organismo materno comienza a prepararse en muchos sentidos para los cambios que vendrán en el futuro. En especial el sueño y el descanso en las últimas 10 a 12 semanas de gestación se ven trastocados e influidos por la presencia del bebé en su interior. Por un lado porque el bebé ya ocupa demasiado espacio y sus movimientos son percibidos intensamente por el cuerpo materno, a la vez que el propio volumen del abdomen de la mamá complica la movilidad y el acomodo materno y limita el hecho de poder dormir demasiado tiempo en la misma posición. A eso se suma el hecho de que la vejiga, se comprime por el tamaño del útero y por ende  la cantidad de orina que puede ser almacenada es cada vez menor. Esos cambios físicos tan intensos van afectando el patrón de sueño materno, la embarazada necesita levantarse varias veces para ir al baño durante la noche, en ocasiones la actividad intensa del bebé no la deja conciliar el sueño y a la vez necesita reacomodar su cuerpo de tanto en tanto durante la noche para lograr descansar.

En algún momento hemos escuchado como muchas embarazadas se quejan de que no logran dormir de corrido toda la noche durante esa última etapa del embarazo y si somos sensibles y abiertas  a lo que nos está sucediendo podríamos percibir que de algún modo nuestra biología nos prepara para el cambio que se aviene. En estas últimas semanas de gestación, el sueño de la mamá y el sueño del bebé se van sintonizando para que el cambio no sea demasiado brusco para la madre (algo que se entiende mejor cuando sabemos que el sueño infantil es muy diferente al sueño adulto). Si estuviéramos sintonizadas con nuestro cuerpo y nos dejáramos fluir en todo el proceso, sin dar pie a falsas expectativas en relación a como deberían comportarse los recién nacidos, las mujeres ya estaríamos listas desde antes del parto para acoplar nuestro sueño al de nuestr@s pequeñ@s sin mayores contratiempos.

A todo este mal entendido inicial se suman por supuestos los comentarios y consejos “bienintencionados” que todo el tiempo refuerzan la idea de lo difícil que es la llegada de un bebé y nunca falta la afirmación  de “no vas a volver a dormir a pierna suelta nunca más”. Algo que en realidad quienes hemos vivido la maternidad desde la lactancia materna exclusiva y a demanda, sabemos que es una verdad a medias o más bien una mala interpretación de la realidad. En realidad lo que sucede en la práctica no es que no puedas dormir profundamente y reponerte del cansancio, sino que dejas de dormir de corrido toda la noche al menos durante una temporada, que puede ser más o menos larga dependiendo de como vaya madurando el sueño de nuestro o nuestra bebé (algunos bebes aprender a dormir 6 hrs seguidas a los 3 o 4 meses, otros tardan 1 año y medio, otros lo hacen en algunas temporadas y luego dejan de hacerlo). Claro que esa circunstancia es un cambio importante en la dinámica del sueño adulto, y por supuesto nos trastoca nuestra rutina en especial si pretendemos mantener el ritmo de vida anterior a la llegada del bebé.

Al analizar el proceso desde una mirada menos antropocéntrica y atrapada en la lógica existente de sujetos económicos con responsabilidad y obligaciones laborales ineludibles y nos miramos como los mamíferos que somos, entonces entenderíamos que el cambio que tiene lugar en relación a algo tan vital como el sueño, y que se da tanto en la mamá como en el bebé, sucede porque es imprescindible para la supervivencia de los recién nacidos humanos. La inmadurez del cerebro humano al nacer trae como consecuencia que el sueño infantil difiera totalmente del sueño adulto, y que los bebes y niñ@s pequeñs requieran de un periodo de maduración que tarda varios años antes de alcanzar las fases del sueño adulto.

En el caso de los bebes y niñ@s pequeños tienen un sueño más ligero que el de los adultos, con ciclos de despertares más cortos (cada 2 o 3 hrs) y requieran de acompañamiento o ayuda para pasar de una fase de sueño a otra. Lo cual es una etapa normal en la evolución del cerebro inmaduro hacia el cerebro adulto. Esa inmadurez de los recién nacidos humanos está determinada por el hecho de que nuestros bebes necesiten de más cuidado y atención para sobrevivir que en el caso de otros mamíferos.

La garantía de dicha supervivencia radica principalmente en establecer un vínculo y una sintonia entre mamá y bebé de manera tal que las necesidades de este puedan ser satisfechas a la brevedad y oportunamente por la madre. Como parte de este proceso de armonizar a ambos es lógico que el sueño de ambos comience a vincularse desde el embarazo, y luego del parto va a ser la lactancia materna (cuando se hace de manera exclusiva y a demanda) quien hace posible reforzar y sostener ese vínculo, sin que esto vaya en detrimento de la calidad de vida o la salud de la madre.

La lactancia materna en especial si se inicia durante las primeras 2 horas refuerza el vínculo de apego entre mamá y bebé por intermedio de la oxitocina (conocida como la hormona del amor). Esta hormona la libera la hipófisis materna al torrente sanguíneo ante el estímulo de succión del pecho para estimular la liberación de la leche y a su vez,  pasa al bebé a través de la leche materna. La hormona presente tanto en el bebé como en al mamá se sabe que está asociada con la respuesta de reconocimiento, enamoramiento y apego que se produce entre ambos y que es la garantía para la supervivencia del recién nacido.

El vínculo de amor, acercamiento e inclinación mutua que se refuerza a través de cada tetada, aumenta la predisposición materna hacia el cuidado, atención y comprensión de las necesidades de sus hij@s.  A la par la propia oxitocina incrementa en los bebés en esta etapa crítica de su maduración que son los primeros años de vida, la sensibilidad a los efectos de la oxitocina, y por ende estos niñ@s más expuestos a la hormona desarrollan una mayor capacidad de amar. En tanto a su vez la liberación de oxitocina que tiene lugar durante cada tetada crean condiciones para relajar y propiciar el descanso y por ende que el cambio en el patrón de sueño materno puedan ser más fáciles de enfrentar por la madre.

Los altos niveles de oxitocina y su liberación durante el amamantamiento inducen en la madre un estado de relajación y confort difícilmente alcanzable de otro modo. Esto nos permite a las madres no solo disfrutar el acto de amamantar en si mismo, sino a la vez descansar y conciliar el sueño mucho más fácilmente que si no amamantáramos. De manera tal que las madres que amamantamos,  oxitoxina mediante, logramos reponernos del cansancio con mucha rapidez, volver a conciliar el sueño mucho más fácilmente y tener un descanso más profundo a pesar de los despertares imprescindibles para atender las necesidades nocturnas del bebé.

De manera que las madres que amamantan a sus bebes por largos períodos de tiempo están más dispuestas, relajadas y descansadas para atender de buen grado las necesidades de sus bebes, debido a que su propia biología las ayuda a recuperarse y les facilita el proceso de maternar.

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2 respuestas a Amamantar facilita el proceso de maternar.

  1. Maria dijo:

    Un artículo estupendo. Nunca había pensado que las dificultades en el sueño al final del embarazo son una preparación a lo que nos viene………………. pero es verdad. El cuerpo empieza a acostumbrarse a otra dinámica que de ningún modo tiene por qué ser menos saludable, siempre y cuando nos introdujamos en ella completamente, adaptando toda nuestra vida con naturalidad y fluidez.

    • Micelys dijo:

      exactamente Maria, totalmente de acuerdo… no tendría porque ser menos saludable si nos dejamos fluir en ella y no pretendemos seguir viviendo un antes que ya no existe y que nos permitía un estilo de vida que a veces es hasta incompatible con las necesidades y demandas de los recién nacidos. Saludos y gracias por visitarnos 😉

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